Durante el duelo disputado contra los Kansas City Royals en Los Ángeles, el primera base Freddie Freeman generó un momento de tensión en el Dodger Stadium al estrellarse aparatosamente contra el banquillo visitante mientras perseguía un batazo de foul enviado por Isaac Collins.
La ausencia de barandilla y la falta de cálculo en la distancia provocaron que el pelotero descendiera de golpe por las escaleras en la parte alta del octavo episodio, requiriendo la asistencia inmediata del personal médico y de los integrantes del equipo rival.
Pese a que el diez veces All-Star logró reincorporarse por su propio pie para culminar la entrada a la defensiva, el estratega Dave Roberts prefirió no arriesgar su salud y envió a un sustituto a batear en el turno que le correspondía al jugador durante el cierre de ese mismo inning.
Al finalizar el juego, el inicialista de los Dodgers aclaró que no sufrió impacto alguno en la cabeza y que el percance dejó secuelas menores en rodillas, hombro, mano y muñeca, manteniéndose en evaluación día a día previo a su probable regreso al terreno de juego.