El gol de Jared Borgetti ante Italia en el Mundial de 2002 permanece como una de las acciones más emblemáticas del fútbol mexicano. En el Oita Stadium, el delantero resolvió una jugada con una mecánica poco habitual; atacó el balón en carrera de espaldas al arco y modificó la trayectoria del centro con un giro de cuello que cambió por completo la dirección del disparo. La acción tomó por sorpresa a rivales y compañeros, incluido el portero Óscar Pérez, que observó incrédulo el desenlace.
Una definición fuera de lo previsto
El movimiento de Borgetti no siguió un patrón convencional, tras el envío al área, optó por no girar hacia la portería y ejecutó el remate desde una posición invertida. El contacto generó una parábola cerrada que venció a Gianluigi Buffon, uno de los guardametas más reconocidos del torneo, el balón se colocó junto al poste, sin reacción posible del arquero italiano.
El propio atacante ha descrito esa acción como una respuesta instintiva, en distintas entrevistas señaló que no planificó la jugada; reaccionó al centro con una decisión inmediata, también ha reiterado que ese tanto ocupa un lugar especial en su carrera por el contexto del partido y la dificultad del rival.
Impacto en el partido y en la memoria del torneo
El gol significó el empate para la Selección Mexicana en un encuentro clave de la fase de grupos, ese resultado contribuyó al liderato del Grupo G y fortaleció el avance del equipo en la competencia, más allá del marcador, la anotación adquirió valor por el nivel del adversario y por la complejidad técnica del remate.
Con el paso del tiempo, Borgetti ha retomado el episodio con un tono ligero, ha comentado en entrevistas la reacción de Buffon, quien solo siguió la trayectoria del balón sin intervenir, esa imagen consolidó la jugada como una de las más recordadas del torneo, tanto por su ejecución como por su impacto visual dentro de la historia de los Mundiales.