Mundial 2026 en jaque por crisis con Irán

La estabilidad de la próxima Copa del Mundo 2026 enfrenta su mayor crisis diplomática y de seguridad a solo 100 días de que el balón ruede en el Estadio Azteca. Tras las recientes y drásticas operaciones militares conjuntas entre Estados Unidos e Israel contra Irán, que resultaron en la muerte del veterano líder iraní, el ayatolá Alí Jamenei, la participación de la selección nacional de Irán en el torneo que coorganiza México se encuentra bajo una profunda incertidumbre que trasciende lo deportivo para convertirse en un conflicto de escala mundial.

El conflicto bélico escala en un momento crítico para la logística de la FIFA, ya que el calendario oficial estipula que Irán, ubicado en el Grupo G, debe disputar sus tres partidos de la fase de grupos íntegramente en ciudades de Estados Unidos. Los encuentros programados para los días 16, 21 y 27 de junio tendrían lugar en el SoFi Stadium de Inglewood, California, y el Lumen Field de Seattle. Mehdi Taj, presidente de la Federación de Fútbol de Irán (FFI), rompió el silencio tras el bombardeo en Teherán y admitió que el panorama actual es desolador para sus jugadores y cuerpo técnico. El directivo señaló a la televisión pública que, tras este ataque frontal de la administración de Donald Trump, resulta prácticamente improbable mirar con esperanza hacia la Copa Mundial, confirmando además que la liga profesional iraní ha sido suspendida de forma indefinida como medida de protección para los atletas.

Aunque la FIFA calificó como prematuro tomar una decisión definitiva durante una reunión de la IFAB en Cardiff, el organismo rector del fútbol ya analiza internamente los protocolos de sustitución de emergencia. En caso de que la selección persa decida realizar un boicot político, se retire por falta de garantías de seguridad o el gobierno de Donald Trump revoque las exenciones de entrada para deportistas, la FIFA contempla diversos escenarios reglamentarios. El reglamento de la Copa Mundial 2026, publicado el año pasado, faculta a la organización para modificar la competencia sobre la marcha. Una de las opciones sería otorgar el lugar a una selección asiática de la AFC, donde Irak y Emiratos Árabes Unidos surgen como los candidatos naturales por méritos deportivos en las eliminatorias previas.

Otra alternativa, aunque menos probable por sus implicaciones comerciales, sería la reestructuración del Grupo G para que compita con solo tres equipos: Bélgica, Nueva Zelanda y Egipto. Sin embargo, esta medida alteraría drásticamente los contratos de transmisión televisiva y reduciría el flujo de aficionados y derrama económica en las sedes de California y Washington, un escenario que los organizadores estadounidenses intentarán evitar a toda costa mediante negociaciones de último minuto.La situación se complica significativamente por la prohibición de viaje impuesta por la administración de Donald Trump a ciudadanos iraníes desde junio pasado. Si bien el decreto contempla una exención específica para atletas de élite que viajen para la Copa Mundial, la tensión política actual y los ataques con misiles y drones por parte de Irán contra bases estadounidenses ponen en duda la integridad física de la delegación en territorio norteamericano. Por el contrario la selección femenina de Irán continúa su participación en la Copa de Asia en Australia, aunque bajo un hermético silencio mediático impuesto por su cuerpo técnico para evitar represalias políticas.