La salud mental de los atletas de élite influye de forma directa en su rendimiento y estabilidad; la presión constante por obtener resultados puede llevar a los deportistas a ocultar su sufrimiento psicológico, una problemática que expone la investigadora Angélica Larios Delgado, de la UNAM, quien advierte sobre el desgaste emocional que provocan las cargas extremas de estrés.
La cultura del alto rendimiento también genera violencias silenciosas a partir de prejuicios que relacionan la vulnerabilidad con la debilidad; en el futbol profesional, los estereotipos impulsan la idea de soportar el dolor en silencio y frenan la búsqueda de ayuda, un panorama que reflejan estudios donde el 26 % de los futbolistas en activo presenta ansiedad o depresión.
Las consecuencias de ignorar el bienestar emocional aparecen en historias como la de Ronaldinho, quien enfrentó problemas personales tras la muerte de su madre y habló sobre la ausencia de su padre durante sus mayores logros; por su parte, Javier “Chicharito” Hernández ha pedido reconocer primero la humanidad de los deportistas antes que su papel dentro de la competencia.
En el futbol europeo, el guardameta Gianluigi Buffon reveló que sufrió depresión y ataques de pánico a los 26 años durante su etapa en la Juventus; el inglés Aaron Lennon también recibió atención médica por estrés severo en 2017, ambos casos muestran la importancia de recurrir a terapia y atención profesional.
Uno de los episodios más graves ocurrió con el arquero alemán Robert Enke, quien se quitó la vida en 2009 a los 32 años; el futbolista ocultó su depresión por temor a perder su empleo y la custodia de su hija adoptiva, además del impacto que dejó la muerte de su primera hija.
El caso de Enke impulsó la creación de la Fundación Robert Enke y el fortalecimiento de las redes de atención psiquiátrica dentro de la Bundesliga; su historia dejó una advertencia sobre la necesidad de proteger la salud mental como parte esencial de la vida y la carrera de los atletas.