La noche de este lunes 6 de julio quedará marcada como el día en que el oficio y el juego limpio se impusieron sobre los despachos políticos. En un encuentro rodeado de un escándalo sin precedentes en la era moderna, la Selección de Bélgica arrolló 4-1 a Estados Unidos en el Estadio de Seattle, sellando la eliminación del último de los tres países anfitriones de la Copa del Mundo en la ronda de Octavos de Final.
La antesala del partido estuvo incendiada por el denominado “Caso Folarin Balogun”. El delantero estrella estadounidense había sido expulsado en la ronda previa contra Bosnia y Herzegovina por un pisotón, lo que conllevaba una suspensión automática. Sin embargo, en un acto que provocó la indignación y enérgicas protestas de la UEFA y la Federación Belga, el presidente Donald Trump intervino personalmente a través de una llamada telefónica al mandatario de la FIFA, Gianni Infantino. Amparándose de forma inédita en el Artículo 27 de su Código Disciplinario, la Comisión Disciplinaria congeló la sanción y le otorgó un “periodo de prueba” a Balogun para que pudiera saltar a la cancha como titular en Seattle; una maniobra calificada globalmente como un atropello al juego limpio.
Pese a lo ocurrido, los belgas demostraron que los partidos se ganan en el césped. Apenas al minuto 9, Charles De Ketelaere abrió el marcador al empujar una asistencia de Nicolas Raskin. El conjunto de las “Barras y las Estrellas” recuperó momentáneamente la sonrisa al minuto 31, cuando Malik Tillman cobró un tiro libre que se desvió ligeramente en la barrera para poner el 1-1. No obstante, el gusto duró solo dos minutos pues, Leandro Trossard colgó un centro preciso y De Ketelaere remató de cabeza a la escuadra para firmar su doblete y el 2-1 antes del entretiempo.
En la segunda mitad, los estadounidenses se desmoronaron por sus propios errores. Al minuto 57, el guardameta local Matt Freese cometió una pifia infantil al regalar el balón en una mala salida fuera de su área; Vanaken aprovechó el obsequio y disparó de larga distancia para decretar el 3-1. Con la desesperación local al límite, el ingresado Romelu Lukaku sentenció la goleada al minuto 90+3′ tras robar un balón en la salida, firmando el 4-1 definitivo.
Este controvertido indulto impulsado por la Casa Blanca pasa a formar parte de la lista de momentos en que la política ha manchado la pelota en las Copas del Mundo, emulando las presiones como las de Mussolini en Italia 1934 y Francia 1938, las sombras de la dictadura de Videla en Argentina 1978, o la célebre invasión de cancha de un jeque kuwaití en España 1982. Al final, ni la intervención del mandatario estadounidense pudo salvar del fracaso a un equipo que se despidió humillado ante su propio público.